8.7.12

Todos los periodistas son unos putos

—Mira— me había dicho ella en una ocasión —una estrella fugaz. Ahora hay que pedir un deseo, venga — prosiguió mientras me besaba en el cuello —¿Qué es lo que has pedido?— ahora me abrazaba —venga, dímelo, dímelo! 
Que sigamos así para siempre, como ahora— le dije pasando la mano por su pelo —con esa brisa y los dos juntitos en la terraza

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