22.6.14

Gracias Dios.

El fútbol no se define únicamente en estadísticas, el nombre de jugadores, patrocinadores, transferencias... el fútbol está más allá de lo que se ve en la cancha ¿Hasta que punto una jugada puede reflejar el clima político de una nación? ¿Hasta qué punto un gol, un pase, una rabona, una jugada completa se convierte en poesía? Muchos apasionados al intelecto desértico, clásico o básico dirán que el fútbol no puede reflejar ni un solo sentimiento ¿veintidós individuos persiguiendo un balón? Falso, sólo lo persiguen 20, los otros dos permanecen bajo su arco expectantes al botín de los jugadores contrarios, incluso de los mismos compañeros y ah, no olvidemos al arbitro, 21 personajes "persiguiendo"un balón, persiguiendo toda su vida, otros dos, no menos importantes, esperan por la jugada que les hará salir a escena, incluso los hay rebeldes, porteros que no sólo esperan, porteros protagonistas. 

Hace veintiocho años un jugador de 1.65 de estatura, procedente de Argentina logro lo inimaginable en una copa del mundo, frente a un Estadio Azteca repleto de aficionados al deporte de las clases bajas, y frente a una Inglaterra contra la que aún no se sanaban las heridas de la perdida de las Malvinas hacia apenas unos años, México tampoco estaba en un gran momento ni político, ni social, tampoco económico, pero hay ciertas alegrías que da el fútbol que te hacen olvidarte por tan solo un instante de tus problemas, la gente se une, el fútbol es una celebración a la unidad social más que una separación por distinción de equipos, claro que si hay excepciones, al final es fútbol. Diego Armando Maradona fue villano, pero no fue él, fue la mano de Dios, un Dios que ama el fútbol y le dio la armadura necesaria para hacerlo héroe al anotar el gol decisivo que dejaría a los creadores del fútbol moderno en cuartos de final. Argentina avanza, lo demás es historia.

El gol lo describen como una obra de arte, se lleva a seis ingleses, mueve la cadera, recorre la cancha, regatea al portero, anota, cae pero festeja. El gol de los doce toques, 4 regates en 42 zancadas. El gol de un genio. El gol que desborda alegría. Veintiocho años desde aquélla mítica tarde en la que, de una forma poco política Argentina cobró venganza a Inglaterra por la perdida de unas islas con alto potencial ganadero.


El fútbol son pequeños momentos, son sentimientos, anécdotas. Está bien si no eres seguidor de un equipo pero te gusta ver los partidos, está bien que no sepas de qué se trata pero lo disfrutes con tus amigos. Está bien que no te sepas las estadísticas de las ligas más aclamadas. No importa conocer la ficha técnica de cada jugador, mucho menos la alineación de los equipos ni la procedencia de los jugadores. Quizá no te importe si un jugador es central o contención. Quizá ni siquiera sabes que significa 4-4-2 pero, la afición de una persona por el fútbol, o por cualquier otro deporte, no se cuestiona, se critica o se hace menos. Que disfrutes de este deporte no te hace más o menos culto, no te hace idiota, vamos. La pelota no se mancha, la pelota no te mancha.

En 1986 Víctor Hugo Morales, cronista uruguayo, dijo ante el micrófono lo que pasaba por la mente de miles (o millones) de aficionados: Gracias Dios, por el fútbol.

P.D. Campaña contra el uso de las siguientes palabras: soccer, pambol (y derivados), fút, fucho. 

¡Les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre, el Atlante es su padre y si no...!

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